Esta crisis sanitaria, económica y social, todo en una, está poniendo al límite los resortes de nuestras administraciones. Si el primer frente de respuesta han sido los hospitales, el segundo sin duda está siendo el sistema público de servicios sociales. Es la primera vez que éste afronta una crisis causada por un parón de la economía, una hibernación económica de semanas, que desde el primer segundo ya estaba generando necesidad de los recursos sociales al servicio de las personas.
Las plantillas de los servicios sociales, en todos los niveles del Estado, han respondido a la demanda inmediata con las herramientas que tenían, siempre con la vista puesta en el duro escenario futuro que ya se vislumbra en la atenciones que realizan. Pero padeciendo, como situación de partida, que veníamos de un sistema público de servicios sociales maltratado presupuestariamente. Cabe recordar que una de las consecuencias de la crisis del 2008 fue un recorte insensible de unos 5.000 millones.






